Literatura y Música.

Y Ellos Odiarán mi Gobierno

en Ensayo/Narrativa

Sí, ellos lo odiarán. Como se ha de odiar al de facto, al totalitario o al apasionado…

Ellos odiarán mi gobierno porque yo represento sus peores miedos.

Porque acabaré con la belleza, dirán, el culto a ella. Un hecho será el derrumbamiento de las congregaciones en torno a la alabanza de lo superficial y efímero. Y tendrán que prepararse hermanos y hermanas, taparse los oídos, pues rezumbarán las quejas en alaridos de todas aquellas tristes almas, de tristes vidas, que necesitan nutrirse de vivencias de gente irrelevante, rastrera, banal, aunque conocida por una mayoría, para darle emoción a las suyas. A las miserables suyas. Ohh, si este rebaño no fuera tan necesario, mi primera acción hubiera sido mandarlos al matadero, pero ahí sí, bien vestidos.

Porque eliminaré la democracia. A las personas no se les debe permitir ni una pizca de poder. Los humanos no son capaces de gobernarse a sí mismos, mucho menos de decidir quién lo hará por ellos. No está en su naturaleza, nacieron para pastorear. Regir es un conocimiento adquirido que parte de un don, y por lo tanto, no se pide ni se debe heredar. Las gentes siempre necesitan a un rey, a un profeta, aquel que les brinde tranquilidad; que les quite el peso de pensar y que sólo les dejen el excitante privilegio de criticar, pues así, contentos, creen que su opinión vale algo y vuelven a pastorear. Y se han acostumbrado; a quien le sirven mierda desde su nacimiento, se acostumbra al sabor.

Por lo que pisotearé el “derecho del pueblo”, privándoles de la libertad de elección. Y les garantizo, hermanos y hermanas, ¡que no lo notarán! Hagan una pausa, es solo de reflexionar. ¿Qué han elegido realmente? Yo vengo a abrir ojos; no se puede eliminar algo que no ha existido. Los payasos que se postran ante nosotros en los medios de comunicación, ¿quién los eligió para estar ahí?, ¿ustedes? Saben que no. Ustedes sólo eligen de entre lo que ya fue puesto en el mostrador con anterioridad, mientras la semilla de la confusión, el espectáculo, la gran comedia, se esparcía por las calles.

¿Qué hay del dinero?, se preguntarán. Tranquilos, se los dejaré intacto. Siempre ha sido de nuestros mejores aliados; cuando se trata de adquirir almas, éste ya habrá hecho el 50% del trabajo (mucho más en algunos casos). Los que deben se arrodillan. Los que ganan se arrodillarán.

Ofenderé a los antepasados (eso les habrá dictado su heredada moral). Mandaré a remover los restos inútiles que quedan confinados bajo tierra fértil; estos lujosos cajones que retrasan el curso natural de la transformación eterna, pues la vida y la muerte sólo existen en vocabulario humano. En su lugar pondré bosques, sembraré árboles, crearé senderos y pulmones para nuestros pueblos, que atraigan vida, y se expandan. La idea del retorno se basa en esta realidad, y nuestra incertidumbre existencial no nos libra de nuestro inevitable destino, pues contradicción es creer en la recompensa y felicidad eterna al mismo tiempo que nos aferramos a este infierno durante nuestros últimos instantes de vida.

Porque conmigo acabarán las pasiones generadas por los bandos. Que se haga buen hábito el ejercicio y la sana competencia que alimenta nuestro cuerpo y mente, pero yo haré cesar sus amados imperios que enaltecen las adquisiciones de los campeones disfrazadas de sus virtudes, y que bajo el telón del fanatismo, forman enemistad entre hermanos y amigos mientras la balanza de riqueza de los dueños se inclina a su favor. En un tiempo en donde nuestros educadores, exploradores e investigadores mendigan por recursos que les permitan continuar con el legado de la humanidad, ahora tambaleante ante un mundo tan informado como ignorante, es necesario hacer tensar varios cuellos.

Porque frenaré todos los esfuerzos hechos en nombre del amor y de la tolerancia. No hay recursos para sostener fútiles deseos de unirse ante los ojos de un Ser que evidentemente no los quiere. Los sagrados convenios sólo funcionan para un sistema que busca la reproducción y cierta producción, y su permanencia está en vía de extinción, pues son un privilegio únicamente para los más cercanos a la perfección, los buenos hijos, que no mienten y los que no fornican, los que no se embriagan ni asesinan, o bien, los que de vez en cuando se hincan. El matrimonio es cosa de leyes y religiones; lo demás es sólo amor, cosa muy diferente, cosa poco importante.

Y que se preparen desde ya, si gustan. Atacaré lo sagrado y lo divino. Demasiado han durado. Convertiré en cenizas los palacios erigidos con el sudor de todos aquellos que son incapaces de mirarse a sí mismos y a sus propias almas. La obediencia no exige inteligencia, pero la devoción es un acto inteligente. Sabios los que reconocen que somos un pequeño reflejo de un bien mayor, pero nos lo han arrebatado mediante palabras cargadas de vestimentas, gruesas paredes y jerarquías de hombres fétidos que claman más pureza que los demás. Sólo éstos, embriagados por la bruma del vicio, se atreven a afirmar que tocan las nubes y tienen la osadía de intentar dirigir a otros para que experimenten este delirio. ¡Yo no creo en santos ni en vírgenes! La religión restringe el espíritu. Quienes viven el día a día en espera del milagro dejan de actuar, y los que no actúan no evolucionan. Una vez desaparecidos los muros, los adornos, los discursos y los “ungidos”, se despejará la niebla del camino, pues la salvación y el contacto con lo divino son un viaje íntimo, personal, pero exige más conciencia y más esfuerzo, por lo que no les gustará.

Y me dirán extremista, y me llamarán dictador, y yo, como todo buen tirano, en el nombre del orden arremeteré contra los necios, pues algunas cosas sólo se purifican con el fuego.

… Y ellos odiarán mi gobierno, porque ellos quieren ser gobernados.

Felix Kristia (1989). Nacido en Puerto Rico; criado en Costa Rica.
Ha publicado varios artículos en distintos medios de comunicación,
así como relatos cortos en una que otra antología.
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