Literatura y Música.

Poesía: Saúl Quiroz

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[Illustración por Joanna Ławniczak]

El sonido y la lira.

¿Qué pueden decirme las palabras oxidadas en su crepitar eterno?

¿Cómo podrían si ellas mismas se doblan ante lo inefable?

Busqué salvaje en los cajones una instantánea que me arrancara de mí mismo

Y solo halle el vértigo de mi propia figura

Le pregunté al director cual era mi rol en la escena y me dijo que decidiera

Me lanzó a través de mis propios suelos humedecidos a fuerza de tiempo

Y el peso de mis propias limitaciones me exigió liberarse

Anudé mis sueños para que no naufragaran en mis remordimientos

Incrustados entre mis ojos y un fondo infinitamente indescriptible.

Ahí donde los fuegos esconden su más álgido secreto.

Donde la luz es una efímera aparición liviana

Y lo único real es el sentido.

Busque un cuchillo con que rebanar la imagen del mundo

Y todos mis diccionarios fueron sacos de polillas mohosas

¿Qué caudales lumínicos atraviesan el aire de las costillas?

El mundo tiene una piel más delgada que mi propia cordura

Que vibra con sus secretos cuánticamente encriptados

Y yo sólo tengo un montón de vocablos inútiles

Busqué una pala para cavar en el rostro del universo

Y su corazón palpitante no me dejó asirlo con mi lengua

¿De qué me sirve sonar a río si no soy agua?

Todos los arroyos resuenan con el mismo océano

Que siempre se me escapa detrás de la coma que no quise perdonar

Disecciones sintácticas, preludio de lo subterráneo,

forma yendo más allá de sí arrancada de su máscara cotidiana

Veredas que dislocadas terminan en metamorfosis ininterrumpida

¿Cómo me quieres decir que no ocultamos algo en la mirada?

El espacio entero es la caja de resonancia del ser

Que con luz, sonido y movimiento delimita sus contornos

Puentes tendidos entre puntos dementes

Una fina de red de sentimientos sujeta en cada sílaba

rostros mal dibujados en cada pedazo convulso de literatura

El reflejo crudo de nuestro atormentado cerebro

Es la más diáfana joya surgida del pensamiento

A tientas expongo el color mismo de lo real para escucharlo agonizar

Y poderme consolar con su llanto

El refugio que me ofrece el lenguaje es temporal

Como lo es él mismo y yo sumidos en la futilidad

Que se desplaza indescriptible siempre sobre el infinito fondo

¿Cómo no nos quedaríamos suspendidos en el muelle de la muerte?

¿Cómo no seguir la vida como un faro que cubrir de palabras?

¿En qué jaulas vistosas nos ocultamos despreocupados como si lo que cargamos dentro estuviera seguro? ¿Cuándo habremos de desempolvarnos la lengua para bailar con su pintura? ¿Dónde habremos de grabar los nuevos verbos que nos definan más allá de este pobre tiempo pálido y rancio?

Quiero clavar mi aliento en la realidad para sacudirla de sí misma

Y hacerla entregarme sus goznes más íntimos

Porque entonces tendré una canción que entonar

Y una plegaria que construir

Porque entonces será el viento mi lengua y me habré librado de escribir.

 

ABC existencial I (Paradero Norte)

Algún astro allá arriba alumbró

Ancestros, apariciones, arboles, antenas,

Autopistas, arterias, aspiraciones, almas, amnesias

Atándolas así al acontecer atemporalmente abierto

Arrojados al abismo ardiente, avanzamos atravesando auroras

Adivinando angustias agazapadas acercándose amenazantes

Abandonando absurdos altares anacrónicos

Atestiguamos al avasallador aquilón ancestral

Basta buscar balance brevemente bosquejado

Bajo bosques, brumas, brisas, brazos y besos

Basta bordar bravamente borrascas baldías

Blasones, batallas, beldades, bostezos.

Balanceando benevolencia y barbarie,

Burlando blandas balanzas bifurcadas, belicosas

Basta barruntar burdamente bellezas y

Blandir bicéfalos batallones bebiendo bárbaros brebajes,

Bruñendo balas y bugambilias bajo beatificadas bóvedas

¿Cuántos cantores cargaran catárticas canciones?

¿Cuántos cielos cálidos contemplaremos complacidos?

¿Cuántos cataclismos caen con cada cuerpo?

¿Cuáles cínicos cadalsos contendrán

Conmocionados colores cercenados cruelmente?

Cansados caminos contienen corazones

Carcomidos cruentamente como cal

Condenados al cansancio consumidor y catastrófico

Dinamos desplazándose dentro del dharma

Dibujando diamantes desorbitados, dementes,

Dioses dorados desataron destrucciones danzando

Después de doblegar descendencias dolientes y desérticas

Detrás del diorama divisamos débil desasosiego

Días y días disfrazan demonios de dorados destellos

Desvaneciéndose diluidos dentro del desenfrenado devenir

Destino destejiéndose dejando deshilachados despojos

Efímera existencia escurriéndose entre estrellados eslabones

El espectro estelar estirando extremidades etéreas

Estamos encerrados en el espacio erigido en encarnadura

Escuchando ejércitos estructurar espectrales emboscadas

El entramado eventual esboza expectativas estragadas

Escudriñando estáticamente el enclave en que estamos enclaustrados

Entonces elevamos estremecidos éxtasis entrecortados

Escabulléndonos entre estériles extensiones entristecidas

Eludiendo el encuentro estrepitoso en que expiraremos

Formamos fugaces florestas, fiestas fluctuantes,

Fatídicas faenas fundadas en formidables fardos fútiles

Fantasmas forasteros floreciendo fractales fluorescentes

Frugales falúas flotando frente al firmamento

Fotones fragmentados fugándose fatídicamente,

Faunas farragosas frotándose frenéticas

Fingidas fruiciones finamente fermentadas

Gritos, gemidos, gestos gastados, graves

Golondrinas germinando grises gálbulas

Glaucas galaxias gestándose geométricamente

Galúas, grafemas y galeras galopando gráciles, gozosas

Golems de grano, grutas goteando geológicas gamas

Guturales galerías guardando guerreras generaciones

Gruesas gavetas gorjeando grimas y gestas garabateadas

Genocidios grabados en gélidas geografías granate

Hilamos hados hasta hallarnos hastiados

Habitando huraños híbridas hebras hacinadas

Hospedados en hiperbólicos hadrones herméticos, heridos

Horadamos hortalizas, hambres, historias, y huesos

Horizontes haciéndose hilachas huyendo del horario

Habitaciones hostiles, heladas, hiriendo huestes,

Hijos, heraldos, hieles, humos, hielos y hogueras

Hazañas humanas habiéndose hecho herrumbre, se hundirán.

Impasibles indicios izados indiferentemente,

Iluminando incansablemente ilusorias islas

Incendios insinuando inadvertidos iconos,

Instantes inmolados invadiéndome intangibles

Interferencias iridiscentes irradiando ideas impronunciables

Imaginación infestada de intimas intrigas intrusas

Íbamos incandescentes indagando imposibles infinitos

Inútilmente, infaustos iniciamos la insistente insurrección.

 

Hombre triste pregunta su paradero.

Sobre la ventana un hombre llora

Desde la calle lo veo pasar clavado en el camión

Detrás de sus huellas, acecha la memoria

 

¿Dónde está la tristeza?

Le pregunté a mi sombra

y no supo responderme.

¿De qué árbol, piedra o flor se alza?

¿en qué penumbras se mece en el aire?

¿En dónde se refugia la tristeza?

Le pregunté a tus ojos

y me devolvieron mi llanto oscuro y salado.

Le pregunté al río

¿Cuál es el rostro de la tristeza?

Y desde el fondo arrojó dos piedras de sangre

 

¿Dónde tiene la tristeza su zenit?      ¿Dónde su nadir?

El sol se desparrama en luz fragmentada sobre los campos,

la tristeza riega desde las pupilas las ardientes raíces de la vida,

una estela viaja ingrávida tras el cometa-dolor lanzado al vacío,

y perfuma la tristeza los rostros que se abren en la obscuridad.

¿Dónde escuece la tristeza? Pregunté al canto de las aves

y el rumor vivo del bosque, cesó.

¿Dónde se esconde el núcleo emocional del hombre?

Piedra pesada y voluble oculta entre costilla y costilla,

o en las grietas intimas entre neurona y neurona.

 

El llanto de nuestra frente es la moneda con que pagamos la vida.

Nos alzamos cada vez menos inocentes de los escombros

y con cada otoño la sombra se hace más pesada.

Si la verdad tiene doble filo, el engaño tiene cuatro.

Entre calles oscuras, el eco de mi voz cuestionando, me respondió:

En la difuminada imagen del agua mirando la luna,

en el aire adherido debajo de las hojas secas.

Acechando detrás de su máscara de fiesta, sin mirar a los ojos

el sol oscuro salpica de noche la luz cuando una silueta se desvanece

justo en donde la imagen se torna emoción.

Morderás el dolor de cada día incluso si es dulce.

Y labrarás nuevas cicatrices bajo relojes desconocidos.

Su reverberar crepitante me persiguió dos inviernos completos

volviéndome un vagabundo de linderos sin brújula ni luz.

El vacío es un espacio hacinado de ausencias,

pues no hay luz sin sombra, ni manos que acaricien la nada.

No hay refugio para la locura, sino tristes tiendas nómadas.

 

Entre la piel y el alma construye su refugio el escalofrío,

la tensión de cada vello susurra pesadamente.

Un fantasma se desvanecía sobre la lengua,

y una gota de néctar amargo disolvió la noche.

 

Saúl Quiroz (1993) Ciudad de México, México. Vocado desde sus primeros años a la formación académica. Encuentra una posibilidad en la literatura para devolver a su país, y al hombre, la condición en que arrojados subsistimos dentro de esta sociedad deforme y salvaje. Estudiante disperso de los últimos semestres de la Licenciatura en Filosofía por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México. Formó parte de las presentaciones de Poesía en voz alta, en el año de 2013 como parte del taller literario impartido por Rojo Córdova en Casa del Lago. Además de haber sido publicado en la antología Torneo de poesía 2016 editada por VersoDestierro.
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