Literatura y Música.

Poesía: Carlos Cárdenas

en Poesía
[Ilustración: Thoughts de João Paulo Cruz]

tres poemas de carlos cárdenas

Aguacero

Tanta lágrima,
tanta lágrima

t  n  t  l  g  r  m
a    a     á    i     a
tnt     lgrm
aa              áia
t      g

a           a      á      i      a
t      n      t      l      gr     m

n      r
t      m            a       á
a      i
a

t      n     t       l      gr       m
a            a     á        i        a

Tantalágrimatantalágrimatantalágrimatantalágrimatantalágrima

 

De cariño te llamaré Rafa

Ya no sos nadie, Rafael.
Ahora sos un animal flaco,
que vuelve renco,
desgastado,
y me soba dócil la rodilla.

Ya no sos el pedigrí que
trotaba hermoso,
irguiendo su pecho,
agitando su pelaje.
Hasta yo salía a admirarte
cuando paseabas por la avenida:

de arriba
a abajo
ibas,
de abajo
a arriba.

No hacías nada
y el truco ya estaba hecho:
guapote, ¿quién te podría negar?

Pero
vino la fiebre,
y ahora volvés acá
ladrando débil,
sin compostura,
con huesos que lastiman,
con sarro maduro en tus dientes,
con los ojos acantilados,
y hediendo,
por fin,
al perro bueno que sos.

Ronda del asesino del jardín

Yo fui el asesino de muchas hormigas.  Nunca distinguí entre las zompopas, las negritas, las regordetas, las dulceras o las que tienen alas. Sólo asesiné hormigas.

Siempre preferí matarlas yo, porque ellas no entendían que, donde se posicionaban en verano, el agua de jabón de mi tía las iba a extinguir en peor catástrofe.  ¡No, no, y no! Nunca iba a permitir aquello. Prefería ser yo la cara de riachuelo avisándoles el desahucio.

Usé manguera, les di patadas, hasta intente exponer hormigas abusadas. Atacaba con cíclicos asesinatos a sus tropas, ¡para que se alejaran, para que se fueran largo!, porque yo era un dios y estaba enfadado con el hormiguero.  Trataba de avisarle a ellas —primero— que ahí no podían vivir, y así lograr —segundo— que no murieran en masa y acabara su mundo, esto producto de una oleada de agua jabonosa, sin previo aviso, en aromas de lavanda y rosa. Pero al final, ¿qué va a saber una hormiga de lavandería, meteorología o criminología? Ni con mis asesinatos más crueles ellas entendían o se abatían.

Lamentablemente ellas nunca huyeron, y todos los hormigueros siempre murieron; una y otra vez en mares producidos por ropa sucia. Entonces me supe bélico como Ares, porque el presenciar un mar es revelador cuando está cargado de muerte. Mi infancia pasó y nunca logré mi cometido, siempre se quedaron viviendo ahí en el canal prohibido. Nunca mis asesinatos lograron intimidarlas en masa, siempre se quedaron haciendo de ese lugar su casa.

Al final, todo es fatal alegoría hecha vida y muerte: de fuertes dioses contra feligreses, de esta moneda y humanos, de un gigante y cien enanos y de hormigas muertas hechas peces.

Carlos Cárdenas García (1991). Desafió la estadística de mortalidad del Hospital San Vicente de Paul en Heredia; esta es su verdadera victoria. Se graduó del kínder en la escuela Rafael Moya Murillo. Actualmente concluye la carrera de Leyes en la Universidad de Costa Rica. También cursó estudios universitarios de Música en la Universidad Nacional. Formó parte del Taller de Escritura Artificial dirigido por Luis Chaves. En el 2016 gana el certamen Luis Ferrero Acosta en la modalidad de relato. Su autor favorito es Borges, o el otro que lo sueña.
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