Columna: Manual para ser un hombre blanco de primer mundo

en Crónica/Editorial/Ensayo
[Ilustración Lili des Bellons]

I’m living in that 21st Century, doing something mean to it

Do it better than anybody you ever seen do it

Screams from the haters, got a nice ring to it

I guess every superhero need his theme music

 Kanye West

 

En realidad esta columna no es literalmente sobre cómo ser un hombre blanco de primer mundo, tampoco es sobre literatura, en realidad es una columna sobre mi aburrimiento, un aburrimiento superior a ese aburrimiento generado por los libros de Alfredo Trejos (perdóneme el golpe bajo). La propuse a mis compañeros de revista como una serie de textos de fina observación social. A grandes rasgos un bluff; apenas tenía el título. Busqué un tema por semanas para fallar como el kamikaze que toca el agua (última, promesa). Al final, entendí mi capacidad de verme impresionado por nada, de odiar con ligereza y decidí escoger esa idea como el motor de mis textos, la idea en su núcleo.

Recientemente tuve una conversación con un tipo, me explicó la hipocresía en aquellos poetas autodenominados de “calle” sin serlo. Su punto, además de irritarme, me sirvió para develar un escritor proclive a los facilismos. Es decir, el tema nunca me ha interesado particularmente —es un tema algo kitsch, algo rebuscado— pero al sujeto le molestaba por ser utilizado por gente normal, esa gente con familia, hijos y trabajo (esos padres de familia estereotípicos quienes visten pantalones de mezclilla de tiro alto y zapatos de correr). El concepto de ficción en la literatura le era completamente ajeno. En su mente, un escritor de novela negra probablemente es un investigador privado con problemas de alcohol y un monólogo interno colorido. En todo caso, si existiera hipocresía en el asunto, él también seria culpable. Lo más sórdido de su experiencia callejera remetía a quedarse hasta tarde en La California. De todas maneras, mi mayor problema —mi verdadero problema— con su discurso, era su simplismo. La literatura implica varias capas, no solo la transcripción de experiencias personales. Es decir, uno puede alimentarse de la experiencia, supongo, sin necesariamente reducirla y minimizarla a la experiencia. La literatura tiene muchos y variados matices.

 

Me veo enfrentado con un problema similar debido a mis gustos musicales. Una persona como la anterior vería muy difícil admitir la calidad en un disco de Kanye West; un rapero casado con una celebridad de reality show probablemente sea lo más bajo en su axiología estética. Descartaría sin más My Beautiful Dark Twisted Fantasy a pesar de ser objetivamente un buen álbum. Los temas tratados en el disco pueden resultar mezquinos en primera instancia; sexo, drogas, dinero, fama. En primera instancia. Luego se nos abre la historia de un hombre temeroso, desesperado y confortativo (suelo pensar el LP algo similar a Mad Men; la historia de un hombre en caída libre). Todo lo anterior aderezado por una producción musical grandilocuente y maximalista. Entiendo las predilecciones, los gustos de los individuos, pero rechazar la obra de Kanye West por responder a “defectos” de este siglo, me parece una pose.

El tema en todo esto pareciera ser las ganas de ser especial, de ser diferente cuando lo único válido es la obra. La persona detrás de una obra, carece de importancia. Un trabajo se juzga desde el trabajo y no desde el creador. Ser un pendenciero no hace una novela buena o mala o regular, no hace absolutamente nada. Como, a su vez, ser un autor desprendido o elevado o místico tampoco afecta una novela (bien se podría ser un lector lacrimoso de literatura japonesa, un degustador aristócrata de jarchas mozárabes, un lobo solitario contemplando el vacío de la existencia sin esto implicar algo verdaderamente significativo). Se reivindica este tipo de figuras, este cliché porque sentarse a trabajar hora tras hora no se puede romantizar. Simplemente se hace. El resultado se dictamina después.

En suma, al parecer, el derecho (o el hecho) de ser diferente es resultado de un estereotipo autoindulgente: poseer un carácter superior (desde la alta o la baja cultura) para dificultar el debate y así esconder una falta de compromiso con el tema. El ejemplo de Kanye así lo retratará: es egocéntrico, superficial y probablemente está loco; si tuviera que reseñar The Life of Pablo ¿por qué debería importarme?

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