Literatura y Música.

Crónica – Unos dibujos de Laura Astorga

en Crónica

En noviembre de 2016, Laura Astorga Monestel imprimió unos fanzines con dibujos. Son dos tomos: “Todos los ojos” y “Errares humanos”.

Yo quisiera ser capaz de arremolinar en el aire las palabras y hacerlas caer como un aguacero contundente y con ellas inundar las páginas y las alcantarillas. Con esa actitud desbordada intento esta crónica de mi entusiasmo.

Desde que decidí dedicarme al dudoso oficio de la escritura he puesto en el arte de Laura el horizonte de mis aspiraciones. No me acuerdo (me invade una laguna) si alguna vez se lo dije: yo quisiera llegar a escribir algo digno de estar al lado de un dibujo de Laura. Es obvio que he fracasado, pero no por ello desisto.

Algunas veces me da por pensar que el arte gráfico (el arte en general) se hace en dos procesos: percepción y ejecución; y para ambos se requiere trabajo y talento. Digo esto a propósito de los dibujos de animales que Laura ha estado haciendo desde que la conozco.

Los dibujos de animales que están en “Todos los ojos” se nutren de una mirada que sabe captar los detalles, las características propias de un pájaro, los dientes de un perro, las patas de un equino, un plumaje, unas antenas, los bigotes de un roedor. Pero, afortunadamente, no se trata de dibujos realistas: en todos hay una distorsión, una desproporción que a mí me recuerdan que los seres y las cosas son como uno los ve y no como dicen los manuales o cualquier otra forma de prescripción.

 

 

Cuando digo delirio, distorsión, deformidad, puede sonar como una gárgola abigarrada y barroca; y sí, es eso: un elefante que es a la vez un oso o un perro, una convención de cucarachas, un pez con botas, o una multitud bajo-perro, pero con muy pocos trazos, con muy pocas líneas. Producir una imagen, una sensación, una escena o, en este caso, un ser, con economía de recursos, es un mérito de la mejor poesía, y está aquí, mirándome con todos los ojos.

Tan vivos son estos bichos, estas criaturas, que es posible encontrarlas por las calles y las noches de Chepe sobre el pellejo de algunos mortales, casi a punto de lanzarnos un mordisco o un picotazo.

Estos méritos que reseño también están en el otro compendio de monstruos que conforma el binomio de cartón grapado del que estoy hablando.

“Errares humanos” es político, es irreverente, es crítico y es inteligente. No en la forma y el contenido, sino en la forma del contenido. Quiero decir con esto, por ejemplo, que se atreve a combinar dibujos con palabras, y con ello a cuestionar la pureza de lo gráfico, ensuciarla con literalidad. Literalidad y literariedad, porque se zambulle en la cultura oral, en los refranes y sermones, en la prosodia y las parodias, para emerger con una perla o con un arpón oxidado, no lindo, no bello, pero que bien lanzado puede atravesarle la panza a más de uno.

Considero un mérito decir que es político por la manera en que es político este trabajo: no es panfletario, no es partidario, no adhiere a una causa ni ejerce una denuncia, sino que se inserta, opina y desmenuza los discursos sobre lo público, lo común como sociedad, y los discursos del poder.

 

 

Y aunque increpa esos discursos con actitud de coctel molotov, no lo hace con seño fruncido o la cara congestionada en llanto, sino con una burlesca carcajada en la boca. La corrección y la solemnidad se las pasa por el culo.

Cuando hablé de un arpón, hace un rato, lo hice pensando también en la agudeza, en la capacidad de penetración de la crítica que logran estos dibujos. Apuntan hacia la religión, hacia los políticos, hacia los medios de difusión, el consumo, la maternidad, el hambre, la bulimia, entre otras cosas.

Digo que es inteligente, digo que es arpón, porque hace un uso del lenguaje escrito que selecciona atinadamente las palabras, juega con ellas, con sus significados y sus sonoridades y las pone en relación con los dibujos, pero también porque es capaz de configurar estéticamente y de manera sencilla ideas sumamente complejas. Por ejemplo: la manipulación de la información que ejercen las corporaciones mediáticas es representada por un sujeto de múltiples brazos, con corbata y sin pies. Es decir, aquel arácnido de micrófono es la encarnación de un sistema complejo de construcción de verdades  al servicio de intereses particulares. Su información es “urgente”, con lo que da cuenta de la dinámica de la inmediatez de los mensajes que a la vez los vuelve efímeros. Sobre esto se escriben tesis, pero en lugar de esta habladuría, Laura lo sintetiza en un dibujo.

 

 

Sobre la religión, el arte de Laura reconoce agudamente su funcionamiento: el terror al diablo y al infierno, el pecado y la culpa, el lucrativo negocio que es, son rasgos que se construyen, allá afuera, en la realidad, mediante palabras. Laura juega con esas palabras y nos presenta al Altísimo, que además es infinito, el bótox de la virgen, Jesús con tetas. Aunque no es parte de este librito, aquí entra aquel otro dibujo de Laura en el que un sacerdote dice “Amaos los unos a los otros, niño”, y el niño está bajo la sotana haciéndole, adivinamos, se nos sugiere, una felación. Por eso digo que es un arte crítico e inteligente.

“Aviso, prohibido el paso. Oficiales debidamente alarmados”. Lo que parece ser un cartel nos da la bienvenida. Es sencillo, pero ahí está la esencia represiva de los llamados cuerpos de seguridad, la naturalidad con la que la población la acepta (debidamente), la evidencia con juego de palabras de que están armados y que tienen un miedo atolondrado, como caballos con las espuelas enterradas en las costillas. Y todo esto adornado con la flor de la ironía.

En fin. Yo quisiera empapelar los templos y las casas de campaña, los hospitales, las comisarías, las paredes de las casas y también las aceras, para sacudirle al público a punta de cachetadas, esas que son estos dibujos de Laura, tanta mediocridad, tanta estupidez que abunda por estos lados y que asfixia.

 

Carlos Regueyra Bonilla (1989) Nació en San José. En 2016 la Editorial Costa Rica publicó la novela Seis tiros, que ganó el Premio Joven Creación de Novela Negra. Es productor del programa El placer del texto, dedicado a la difusión de la literatura costarricense.

 

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