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Artículo | Los derroteros de la identidad en El Ojo Silva | Por Erick Quesada

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A Faustine, por todas las lecturas compartidas.

 

“La realidad esta tejida de ficciones”

Piglia.

 

Mauricio Silva (El Ojo) y el narrador del relato se ven forzados a escapar dado el grado de violencia política de su natal Chile. Este narrador nos informa sobre ciertas particularidades del personaje que no empatan con la identidad que forjan los jóvenes chilenos exiliados en México. Se trata de rumores sobre la posible homosexualidad de El Ojo: “Por aquellos días se decía que El Ojo Silva era homosexual. Quiero decir: en los círculos de exiliados chilenos corría ese rumor, en parte como manifestación de maledicencia y en parte como un nuevo chisme que alimentaba la vida más bien aburrida de los exiliados” (Bolaño, 2001, pág. 12).

Silva es así víctima de desprecio y maledicencia por parte de los jóvenes chilenos exiliados que se asumen de izquierda. La heterosexualidad es parte constituyente de la identidad de estos grupos. El haber combatido, de manera explícita, en contra del gobierno opresor es signo de hombría. La revolución como cosa de hombres heterosexuales se percibe en estas primeras líneas del texto. La exclusión de otras posibilidades sexuales queda vedada de los círculos políticos revolucionarios.

Ante esta situación de exclusión el narrador nos advierte sobre estos grupos: son “gente de izquierda que pensaba, al menos de la cintura para abajo, exactamente igual que la gente de derecha que en aquel tiempo se enseñoreaba de Chile” (ídem). Se establece entonces una correlación entre ambas tendencias políticas en apariencia disímiles. Si bien sus programas políticos distan de analogarse, la discriminación sobre ciertos grupos supone un punto de contacto entre ambos frentes ideológicos.

La opresión de que es víctima El Ojo maniobra en un nivel distinto. No se trata de la represión que el aparato estatal pueda ejercer sobre el individuo. Se trata, más bien, del ataque de un grupo en particular que carece de poder político y de las prerrogativas que este otorga.

La identidad de la izquierda que toma lugar dentro de este universo narrativo queda establecida. Parten del supuesto según el cual su identidad es un constructo conceptual dado de una vez y para siempre, inviolable e imperecedero.

El Ojo, dada su orientación sexual no puede participar del activismo político. Nos encontramos dentro de una micro sociedad que no puede escapar de la normalización del sistema y sus mecanismos de control. Foucault es claro al respecto “la unión de las técnicas disciplinarias sobre el individuo y los mecanismos de regulación, tienen como consecuencia una sociedad normalizada” (Foucault, 2007, pág. 175). La izquierda chilena que radica en el México del relato no puede escapar de estos mecanismos, por el contrario, los reproduce. Fragmentan así la lucha y la cohesión de grupo; discriminan y denigran.

Mauricio, llevará con pesar y dificultad su orientación sexual dada su tendencia política. Es él mismo quien manifiesta su amargura al no poder participar de manera activa dentro de la cofradía revolucionaria. El Ojo a pesar de su interés político y sus ansias de participar se encuentra excluido “Me dijo que durante algunos años había llevado con ¿pesar?, ¿discreción?, su inclinación sexual, sobre todo porque él se consideraba de izquierdas y los compañeros veían con cierto prejuicio a los homosexuales” (Bolaño, 2001, pág. 13).

Estos prejuicios producen separación y desencanto, ya no solo en el Ojo, también en el narrador:

Recuerdo que terminamos despotricando contra la izquierda chilena y que en algún momento yo brindé por los luchadores chilenos errantes, una fracción numerosa de los luchadores latinoamericanos errantes, entelequia compuesta de huérfanos que, como su nombre indica, erraban por el ancho mundo ofreciendo sus servicios al mejor postor, que casi siempre, por lo demás, era el peor” (ídem).

Así las cosas, desde Foucault, podemos establecer que no existe tal cosa como discursos instituidos de forma intemporal. El rechazo al Ojo, y por consiguiente, a todo homosexual de izquierda, es un discurso que opera bajo lógicas contextuales definidas. Bajo intereses de grupo particulares. El poder tiene como finalidad normalizar el comportamiento humano. Delimitarlo y controlarlo.

La identidad de El Ojo es la que se encuentra en el meollo del asunto. Mauricio es víctima de dispositivos de control que permean a los sujetos aglutinados en la izquierda. La izquierda chilena se encuentra controlada y sojuzgada de manera inconsciente; regulándose ellos mismos sin siquiera notarlo. Las instituciones de poder moldean a los sujetos. Interviene en las particularidades propias por medio de toda una amalgama discursiva que sentencia comportamientos y actitudes. Esta episteme, como la llamó Foucault, hace que el sujeto interiorice y reproduzca, para sí y para los otros, mecanismos de regulación y control.

En el texto de Bolaño se cuestiona, prioritariamente, la identidad sexual de Mauricio. Este componente identitario es un irritante social. Una anormalidad que debe ser eliminada. Dentro de los paradigmas sociales de la izquierda los mecanismos de poder institucional triunfan. El Ojo es relegado, separado del aparataje social.

Foucault en El orden del discurso (2002) lanza esta pregunta “¿Qué hay de peligroso en el hecho de que la gente hable y de que sus discursos proliferen indefinidamente? ¿En dónde está por tanto el peligro? (pág. 14). Todo discurso es emitido con la intención de ser legitimado. La configuración del discurso en norma es uno de sus condicionantes. Hablamos para ser escuchados, pero sobre todo para que se nos crea. Detentar la verdad es uno de los menesteres del discurso. Es su fin último. Mauricio, ante la impostura de un discurso identitario universal no posee nociones de semejanza y pertenencia frente a la comunidad de exiliados chilenos. Es el narrador, escucha y transcriptor de la historia de El Ojo quien constituye su único asidero social. Su única amistad posible.

Todo concepto tiene una emergencia histórica. La identidad no escapa de esto. Reconocer las emergencias, así como la capacidad de trasformación de un concepto, es una tarea preponderante. La génesis de los conceptos se encuentra afincada en el pasado. Hacía allá debemos de mirar.

Bibliografía
-Bolaño, R. (2001). Putas asesinas. Barcelona: Anagrama.

-Foucault, M. (2002). El orden del discurso. Barcelona: Tusquets.

-__________ (2007). Historia de la sexualidad 1. La voluntad del saber. México, D. F: Productora Gráfica.

 

Erick Quesada Garita (1990) nació en la ciudad de San José; en el mismo año que Octavio Paz obtiene el nobel de literatura y Sonic Youth publicaba su álbum Goo. A pesar de haber nacido en la capital vive, desde siempre, en Heredia: la cuidad más conservadora del mundo. Seguidor constante del equipo de su cuidad; guarda buenos recuerdos de aquel portero suicida olvidado por todos. Se define como Bovarysta conservador (aún nos debe las explicaciones del caso) y como, clichés aparte, beodo amable. Por último y en este caso menos importante, se encuentra a punto de finalizar sus estudios en un área de conocimiento que, por vergüenza y pena ajena, nos reservamos.
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