Literatura y Música.

Crónica | Las barbas y las groupies son lo mismo | Por Tonny James

en Crónica
[Ilustración: El Mago por Julio Escámez]

Crónica de una juventud.

En los últimos años de mi época colegial, la cual duró bastante por cierto, ya que eché al saco dos grados de sobra, conocí a todo tipo de gente. Muchos de los que presentaban gran popularidad dentro del ámbito social de la pequeña región rural en la que habitaba.

Pero fue esencialmente mi último año de colegio el que inicie la amistad con el que por mucho tiempo fue mi mejor amigo. Fue muy extraño cómo inició nuestra amistad. Con los años aprendí que las mejores relaciones nacían de circunstancias inesperadas. Ese año acababa de ingresar a otro cole (el último). Él estaba solo en una de las bancas de los pasadizos del colegio, tenía el cabello rapado y tenía los audífonos puestos, además de ese aura que tienen las personas que suelen ser diferentes. Me acerque y le hable con la estúpida pregunta de –¿Usted fuma?– Él respondió –¿Fumar qué? –, yo con mucha tranquilidad y como si fuese obvio respondí –Mota…

Mi grupo de amigos se reducía al número de años que estuve en la secundaria, los cuales fueron siete en total (de los cinco que son normalmente). Un par que había conocido en los primeros años de colegio, otros tres que conocí en un cole privado en el que estuve (detesté esos años). Y los últimos que conocí, uno era compañero de sección y el otro era con el tipo que descubrí toda la escena musical de Grecia.

El vínculo fue tan intenso desde el principio, que no se vio forzado en ningún momento en agradar al otro, y este vínculo principalmente erala música. Yo escribía poemas muy malos en una libreta que había comprado en un bazar. En realidad nunca había tenido un mejor amigo a quien enseñarle todo lo malo que escribía. Pasaba leyendo y escuchando mucha música, rock Argentino principalmente, para ser exactos. En el colegio, yo me ponía los audífonos y me quedaba pensando en los diferentes grupos que se formaban en los recreos y que definitivamente no pertenecía a ninguno de ellos. Pero curiosamente, todos se acercaban a mí de una manera u otra manera. Súbitamente me vi convertido en una especie de gurú; en un mito colegial: el turista de los coles. Algunos esperaban que siempre les dieran el consejo adecuado, buscaban en mí una amistad que yo no podía dar. Repudiaba esa poca popularidad que la vagancia me había otorgado. Me hubiese gustado pasar desapercibido, pero ya que esto no iba a suceder, tome ventaja del asunto.

Comenzamos por reunirnos en un bar que quedada en la entrada de Grecia, incluso desde muy temprano. Faltábamos a clases cualquier día de la semana; era bueno. El bar se llamaba “Porkis” y el administrador Paul, con el cual, aún a veces, entablo pequeñas conversaciones. El sitio era una mezcla entre lo psicodélico y lo bohemio sin caer de ninguna manera en el cliché. Mi mejor amigo solía tocar el bajo para un grupo local en aquel bar. Algunas veces también la guitarra. El sitio era pequeño y siempre estaba repleto de gente; todos mayores que nosotros. Por esto empecé a relacionarme con personas que habían vivido otros ámbitos, que acomodan bajo otras luces, que apuntan para otro lado. Los días más tranquilos hablamos de política y poesía, con Paul, bebíamos hasta tarde y luego nos íbamos a casa, muy tranquilos. El bar ya no existe, los dueños del inmueble que le alquilaban a Paul lo desalojaron, pensaron que si ellos administraban el bar seguiría siendo lo mismo, pero no fue así. Luego de que el bar cerrara, empezamos a frecuentar otro con nombre de equipo de fútbol. No nos agradaba mucho pero tenía rocola y la cerveza era barata (cosa que apreciábamos mucho en nuestra pobre época de colegiales). Cuando había conciertos visitábamos uno que quedaba en una esquina diagonal al parque central. Ahí conocí a uno de los tipos legendarios de la escena musical de Grecia. Su familia había traído la música a este intento de ciudad pueblerina. Pero especialmente nos reuníamos en mi casa o en la suya. Hablábamos con varios six packs hasta la madrugada de libros, películas (veíamos muchas películas), y música, siempre estábamos descubriendo música nueva que se desconocía por esta región del país que aunque se presume importante yo la considero nimia.

Empezamos a compartir lo que cada uno escribía, lo corregíamos. Hacer más canciones. Beber más. Los fines de semanas estaban reservados para los conciertos del músico griego, la bebida y conocer todo tipo de gente dentro del ámbito musical local. Aquí la gente era bastante normal y muy cuadrada, incluso la mayoría de los jóvenes eran muy conservadores, siempre estaban hablando de motores y de comprarse ropa nueva de marca. Estaba surgiendo la moda de los metrosexuales y de inscribirse en los gimnasios. Por nuestra parte andábamos el cabello largo sin peinar. Pantalones tubo (lo que era muy afeminado para todos los locales), chemas skatas, montados en Vans. Por lo tanto, a las pocas fiestas que asistíamos, siempre resaltábamos, además de que siempre andábamos hablando de personajes de libros o películas y música, en vez de carros y de cuánto peso habíamos levantado hoy en el gimnasio. No sé cuánto pesará una botella de imperial.

Conocimos a las chicas que eran las jóvenes normales de colegio, es decir no sobresalían, no eran populares, eran guapas sí, pero hablaban igual que todos, de lo mismo. Las comenzamos a invitar a nuestras fiestas privadas, nunca las besamos, eran nuestras amigas. No les interesaba la música local, ni asistían a conciertos de las bandas griegas, ni compraban six packs, ni hablaban de Rocamadour.

Comenzamos a asistir a las fiestas de los jóvenes músicos, y hacernos amigos de ellos, ellos nos enseñaban música también, luego yo compartía mis poemas y terminaban haciendo canciones de ellas. Fue gracias al de la familia pionera de la música en Grecia, que conocí la música de Robi Draco Rosa, la cual me influyó mucho por aquella época.

Luego de poco tiempo de salir del último grado del cole, abandoné la ciudad Griega, y viví en Heredia, me volví otro y mis amistades en definitiva cambiaron. Me desprendí bastante de la escena y de mis amigos músicos de épocas de colegio; también de mis amigas. Fueron casi siete años. Todo había cambiado y no lo digo con melancolía. Las relaciones con mi mejor amigo ya no eran las mismas. El pionero musical, reunió su vieja banda que se llama iO. Otros amigos hicieron similar y crearon buenas bandas, me alegro por ellos, como Camelolloide por ejemplo.

Hace unos meses fui a un chivo; tocaban bandas de Grecia. Entonces observé aquellas chicas que asistían a nuestras fiestas. Eran las groupies de esas bandas. En mi cabeza no entendía como aquellas jóvenes a las que únicamente les interesaba la música plancha: romántica y aburrida, habían terminado siendo las fanáticas seguidoras de estos grupos de rock. Ahora ya no son aquellas chicas pálidas y tontas, ya no escuchan a Luis Mi, ya no son mis amigas, ahora saludan quitándote la mirada. Comprendí que todo se trata de posicionarse dentro de la escala social de lo que ahora llaman como ser cool. Crear un determinado estatus social dentro de la ciudad pueblerina, algo así como los tipos feos del colegio, que ahora dejan crecer sus barbas tapándose la fealdad.

Tonny James (1992) Nacío en San José. Estudia filosofía en la Universidad Nacional. Discípulo de la generación Beat y aficionado del Club Sport Herediano. Aspirante a escritor.
Comenta
Ir a El Cielo